¿Por qué nos comparamos?

Seguro has vivido algo bastante parecido a esto. En el caso de los hombres, imagínate que vas caminando por la calle te pasa por el lado un hombre buenmozo, con los músculos bien definidos del cuerpo, alto, elegante. En el caso de las mujeres te pasa por el lado una hermosa mujer alta, esbelta, y delgada, y tu primer pensamiento es: “él tiene los músculos más definidos que yo“ “ella es más flaca que yo”, seguido de: “ojala yo fuera así de musculoso” “ojala yo fuera así de flaca”,  y seguido de: “porque no tengo yo ese cuerpo”...Llegando a sentirte mal….Te ha pasado esto?. O comparándote todo el tiempo con los demás, que si ella es famosa y tu no,  tu nunca podras lograr lo que el logra…etc, etc, etc….

Podemos encontrar diversas razones por las cuales hacemos esto. Y este continuo compararnos  se convierte en algo que practicamos habitualmente de forma inconsciente a cada instante.

Caminamos el día y aun sin necesidad de encontrarnos con otros, ya en nuestros pensamientos nos estamos comparando con lo que “debe ser”.  Al ver otras personas, enseguida vienen las miradas con las que escaneamos al otro, observando el cuerpo, facciones, expresiones, colores, formas;  y si somos atentos nos damos cuenta que las estamos calificando y etiquetando en: me gusta, feo, bonito, adecuado, inadecuado,  no debe ser.  Nos encontramos comparándonos con esas personas! Nos vienen a la mente preguntas como  yo soy más atractivo/a? más  joven?  que nos llevan a  intentar colocarnos en un mejor pedestal donde nosotros somos entonces mejores.

El “compararnos” tiene un aspecto edificador y otro destructor. Es positivo cuando nos permite darnos cuenta de que hay una diversidad de formas de vivir, pensar, accionar, elegir, sentir. Y cuando podemos tomar esa comparación como guía hacia nuestro propio logro. Es negativo cuando utilizamos la comparación  como un indicador de cuanto “valemos” al medirnos catalogándonos, calificándonos, llegando a  devaluarnos o devaluando a quienes nos  rodean.

Si  usáramos sabiamente la comparación nos inspiraría  buscando ser “buenas” personas, buscando ser unas mejores versiones de nosotros mismos. Pero la realidad es que tenemos la tendencia de utilizarla en un sentido poco edificador.

Vamos a analizar un poco nada más su lado negativo. Cuando utilizamos la comparación para medirnos, nuestra estima propia se afecta creándonos dolor, haciendo que nuestro bienestar dependa de los otros. La fórmula que aplicamos: yo estoy bien/mal si los otros están mal/bien. Creándonos entonces más que dolor, sufrimiento, ya que si los demás destacan entonces yo valgo menos. Para poder sobrevivir la apreciación hacia nosotros mismos, podemos tal vez enfocarnos a buscarle y por supuesto encontrarle a todo el mundo alrededor defectos  para  poder sentirnos por arriba o por delante de los demás, sintiéndonos mejor que los demás. Consiguiendo como consecuencia un deterioro, un desgaste emocional  de nuestra propia persona ya que mantenemos una lucha interna  buscando alguna razón afuera con la que sostenernos.

La palabra comparar significa: “examinar una cosa junto con otra para ver las diferencias”. Si leo esta definición no siento ningún enganche emocional. Entonces la situación está en que le agregamos a ese “compararnos” el componente detonante emocional que solo tiene que ver con mi percepción, mi creencia, mi historia.

Si pudiésemos transitar el  camino tan solo reconociendo lo que es, lo que hay, en lugar de compararnos, apreciaríamos  más bien la diversidad de oportunidades que tenemos  para conocernos  y crecer maravillándonos de las  infinitas posibilidades que están allí delante de nosotros.

“La comparación es esencialmente procedente de la no aceptación de la vida de uno, de quienes somos, de los padres, del cuerpo, de las capacidades o pensamientos y emociones”.  Sri Bhagavan

Entonces si la comparación destructiva tiene que ver con la resistencia de aceptarnos,  que es aceptarnos?  Es “aprobarnos’, “recibir” quienes somos y como somos. La tarea radica entonces en caminar la senda de la aceptación para lograr liberación. Y ese aceptar significa decir la palabra mágica disolvente de obstáculos: SI!!. Si a mi historia, Si a mi familia, Si a mi cuerpo, Si a mi vida!

Lo que podemos hacer es detenernos y “mirar” lo que está allí detrás de la comparación, mirar los pensamientos/emociones de celos, envidia, ansiedad…y lo que sea que encontremos más allá. Lo cual no hemos visto tal vez hasta ahora  ya que nuestra tendencia es huir de esto porque nos crea dolor.

La aceptación tiene que ver con el  “RECONOCER lo que es”, solo hasta allí, sin dejarnos llevar en la conexión con la emoción de medición de nuestra persona con los demás.

La palabra “reconocer” nos dice en su significado que “es todo en la vida”, “TODOS LOS OPUESTOS’ sin separación ni división.

La clave está en concientizar que somos seres únicos, especiales, parecidos, diferentes, iguales, sin necesidad de cambiar porque hemos sido diseñados como somos. Seres con propósitos especiales, contribuyentes  para generar desde nuestras propias habilidades, destrezas, préstamos de la vida, un valor a la humanidad a la cual pertenecemos en nuestras misiones y proyectos de vida, en esta estancia y transito temporal. Entonces aquí hay completa aceptación.

 

La invitación que les extiendo hoy es a buscar conocernos mejor, darnos cuenta como procedemos y encontrar “porqués”  para tener opciones de hacer elecciones diferentes, utilizando entonces la comparación en su optimo sentido, comparando nuestros logros con nuestras propias metas, llegando a descubrir la maravilla de nuestra existencia en sintonía y armonía con nuestro ser.

 

Un abrazo sanador, 

Cathy