La Magia de la Navidad

   

¿Quién no se ha quedado maravillado ante un pesebre? 

 Y es que contemplar a Jesús nacido en un pequeño establo de Belén, representado por los católicos con una especie de maqueta simbolizando la escena junto a San José, la Virgen, la mula, el buey, demás personajes y detalles que reflejan lo acontecido en la realidad, nos llena de sentimientos y emociones inimaginables. Siendo el Hijo de Dios, decidió hacerse uno como nosotros, hacerse pequeño y elegir el lugar más sencillo para venir a este mundo dándonos así el mayor ejemplo de HUMILDAD…

 

Al nacimiento de Jesucristo -el 25 de diciembre- se le llama Navidad, palabra que procede del latín “nativĭtas, nativātis”. Para la iglesia Católica es una celebración litúrgica pues nace Jesús, el mesías, el hijo de Dios. Particularmente, en Jerusalén -en la ciudad de Belén- la Navidad se celebra nuevamente el 6 de enero por la iglesia Ortodoxa. Esto es debido a que la Basílica de la Natividad es administrada por estas dos iglesias. En esta Basílica, se encuentra una cavidad subterránea señalando con una estrella de 14 puntas de plata el sitio donde presuntamente ocurrió el nacimiento de Jesús (según mi propia vivencia, es un lugar muy sublime y acogedor, que invita al profundo recogimiento).

 

Hay historiadores que creen que la Navidad ocurrió en meses posteriores. Ellos se basan en las condiciones climáticas de la época, considerando que en este mes habría temperaturas muy bajas en la ciudad de Belén las cuales no permitirían el nacimiento de Jesús en un establo abierto como narran las escrituras.

 

       A lo largo de la historia, han habido muchos personajes que han contribuido a resaltar el verdadero sentido de la Navidad. “Un Cuento de Navidad”, trascendental obra del escritor inglés Charles Dickens en el año 1843, desempeñó un papel importantísimo en el enfoque real de su significado. En este ingenioso cuento, Dickens enfatiza el compartir en familia fomentando su unión, la reconciliación y exaltando los valores de compasión, generosidad y buena voluntad. Tal es su popularidad, que ha sido traducido en muchos idiomas y se ha representado en diversas versiones de películas que muestran las pantallas cada mes de diciembre o en fechas cercanas a la Navidad.

 

Una de las tradiciones católicas más arraigadas en Navidad es la figura de San Nicolás de Bari o de Myra, personaje que le trae juguetes a los niños en todo el mundo en esta fecha especial. Esta costumbre está basada e inspirada en la historia de la vida real de un obispo griego que se ocupaba de brindar alguna ayuda a los necesitados entregándoles obsequios.

 

     Nicolás nació en Patara de Licia, una provincia romana de cultura griega situada en Turquía. Era hijo único de Teofano y Nona, padres acaudalados y muy piadosos a las enseñanzas de Dios, especialmente en atender y servir al prójimo. Siendo Nicolás  joven, sus padres fallecen dejándole una gran fortuna y la profunda enseñanza de servir a la humanidad basándose en las enseñanzas de Jesús: “Ve y vende todo lo que tienes y da el dinero a los pobres” (Mt 19, 21).

 

       La historia cuenta que con sigilo, cautela y discreción, Nicolás, manteniendo el anonimato, entregaba por las noches las distintas “ayudas” a los que estaban en necesidad. Se dice que en sus inicios lanzaba por las ventanas bolsitas con dinero y estas caían eventualmente y ocasionalmente en medias que habían sido colgadas para secarse. De allí nace la costumbre y tradición de que los niños cuelgan medias o colocan los zapatos la noche del 24 de diciembre, víspera de la Navidad, para esperar los regalos de San Nicolás.

 

       Este santo con sus buenas obras, nos deja un legado maravilloso: estar atentos a las necesidades de los otros, salirnos de nuestras comodidades y del egoísmo fomentando la generosidad, dar a los que no tienen -o menos tienen-, sirviendo a nuestros hermanos y familia del mundo primordialmente con nuestra persona y con nuestro tiempo, generando el verdadero amor incondicional sin esperar nada a cambio.

 

       Aunque generalmente, se utiliza esta figura emblemática para fomentar la entrega de regalos a niños de bajos y limitados recursos, hoy en día se ha tergiversado la esencia de estas compasivas enseñanzas puesto que a muchos niños se les inculca pedirle juguetes a San Nicolás mediante de una mágica carta, en lugar de enseñarles a imitar la generosidad del santo. Igualmente, en muchos casos, estas cartas están dirigidas al Niño Jesús. De esta manera, la Navidad se ha convertido entonces en una costumbre meramente comercial, en donde se enfatiza el recibir en lugar del dar, muy opuesto a lo que Jesús nos vino a enseñar.

      

       Relacionando estas historias con el presente, estas fechas tienden a crear y resaltar emociones profundas de las cuales debemos tomar ventaja. Es como si se encendiera algo en nuestro ser avivando con fuerza - algo ya latente en nosotros- y esa fuerza nos impulsa a movernos y hacer cosas que tal vez no hacemos con regularidad en el transcurso del año. Es esa vibración, la cual llamo AAA (Alegría, Agradecimiento, Amor) que emerge de nuestras entrañas y nos envuelve haciéndonos reaccionar y accionar hacia los otros. Es este momento en que pareciera que nuestra mente que usualmente nos lleva al pasado separatista y atrapada en el pasado pierde fuerza y nuestra esencia en el corazón parece tomar el control recordándonos lo que en realidad somos: partes del todo, Chispas Divinas creciendo en UNIDAD! 

       Particularmente, para mí la Navidad tiene un significado profundo. Siento las ganas de honrar a Jesús, ese gran maestro, tomando, acogiendo y abrazando en mi corazón su mayor enseñanza, la del verdadero significado del Amor Incondicional, modelo y ejemplo inspirador a seguir. Amor del que creemos saber y conocer pero sin la característica esencial de ser incondicional.

 

     La Navidad va mas allá de ser solo una celebración religiosa. Realmente, no importa que religión sigamos. Estando abiertos, y expandiendo nuestra conciencia podemos conocer y aprender de todas las personas que han venido a la tierra y nos han enseñado tanto de nuestra verdadera esencia y del por que estamos aquí. No es creer o no creer, es simplemente sentir lo que sucede en nosotros.

 

       Navidad, es esa motivación e impulso que nos lleva a regalar sonrisas, alegrías, esperanza, a darnos humilde y plenamente a los demás contagiándolos de dicha; es ese voluntariado, es ese servicio desinteresado con el que nos entregamos, con el que generamos un valor a la humanidad; es ese hacer uso de todos nuestros talentos, habilidades, destrezas, bendiciones que se nos han dado en la vida pero sintiendo que no son para quedárnoslas y usarlas solo para nuestro beneficio, sino más bien, creciendo en conciencia de que son préstamos para ser usados en favor de toda la humanidad, cumpliendo así con nuestra parte de sembrar algo grandioso desde nuestros corazones, cuna de nuestra esencia Divina, que será fructífero en su momento.

 

    La Navidad es ese “Nacimiento”, ese renacer de nosotros mismos descubriéndonos para ser mejores personas,  encontrando lo que nos une y nos hace hermanos y familia del mundo. Es tiempo de reflexión, de observar cuán quizá estamos separados de nuestras parejas, hijos, padres, hermanos, amigos, Es tiempo de hacer esa llamada, ese movimiento reconciliador… Es tiempo de construir puentes para acercarnos y abrazarnos, recordándonos de ese Amor especial que Dios nos une a todos… Aprovechemos el HOY.

 

Feliz y Bendecida Navidad para todos!!!

Un abrazo sanador, 

Cathy