¿Que me enseñan mis relaciones de mi?

Cuando hablamos de relaciones, por lo general solo pensamos en relaciones con seres humanos, pero en realidad nos relacionamos con todos los seres vivos; los animales, las plantas y aún más allá con las cosas que no tienen “vida”. Somos energía por lo tanto cuando nos relacionamos lo que sucede es un intercambio de energía de dos vías.

Cuando nos hemos relacionado con alguien y esa relación se termina, llega a su fin, siempre permanece la ”relación”, solo cambia la manera y la forma de relacionarnos.

Hablando de relaciones humanas, hay algunas que nos llenan, alimentan de energía y hay otras que por el contrario nos la drenan. Hay una gama de tipos de relaciones, sin embrago resumo en dos: armoniosas y  turbulentas. Es en las relaciones, y especialmente las turbulentas donde me llego a conocer totalmente, porque son las relaciones las que me hablan de mí.

Es aquí en donde entra el famoso tema del “espejo”, donde se dice que toda relación es un espejo donde se nos refleja lo nuestro. La primera vez que escuche esto hace tiempo, me pareció absurdo ya que no lo entendía completamente. Sin embargo, a partir de ese momento, como todo en la vida, me empezó a llegar información.  Comencé a averiguar, a leer y escuchar acerca de esto. Me abrí a la idea y comencé a comprender realmente lo que sucedía en mí aplicando las herramientas e información que me llegaba.

Creemos que somos diferentes a los otros, nos confunde la apariencia, sin embargo somos la misma esencia adentro de nuestros cuerpos físicos. Creemos que somos aparte, que no tenemos nada que ver con el otro, allí empieza la fragmentación y la ilusoria separación, y aun no concientizamos que la sanación está en la inclusión, en la unidad.

Si asentimos a que somos entonces iguales en esencia, a que somos parte de lo mismo, independientemente de lo que podemos apreciar y percibir con nuestros sentidos físicos, y aceptamos que las relaciones se convierten en nuestros espejos donde podemos “ver” afuera lo nuestro que no somos capaces de ver por nosotros mismos adentro,  allí comienza a encajar todo.

Qué hacer cuando estamos  metidos en una relación donde no fluye la comunicación, donde no toleramos y nos incomodan y  molestan cosas? Pues la formula sanadora cien por ciento es decirnos: “No es el otro, soy yo”, asentir a este pensamiento: “Nunca se trata del otro, y siempre es acerca de mí”. Esto no nos gusta porque tenemos una costumbre de “victimización” que cargamos y vivimos, que nos lleva a señalar siempre al otro separándonos nuevamente. Además, nuestra mente jamás va a permitir a que accedamos sumisamente a ello. Por el contrario, va a sacarnos de esa idea dándonos múltiples explicaciones, razones y cuestionamientos. Entonces, si en cualquier relación, comenzando por nuestros padres, hermanos, parejas, hijos, jefes, empleados, amigos,  se  nos  detona alguna emoción que no nos agrada, allí ya tenemos tarea para experimentar herramientas, con el regalo de finalmente irnos conociendo y llegar a sanar.

Si aplicamos la herramienta del “espejo”, asintiendo a que los otros  me muestran lo que no me gusta

de mí,  lo que vamos a recibir como consecuencia y recompensa es conocer toda esa parte nuestra que

está escondida en una sombra, en una oscuridad y que creemos que no está en nosotros. Cuando  nos

desencajamos emocionalmente con palabras y acciones ejecutadas por nuestras relaciones recordamos

entonces que son espejos reflejando esa parte nuestra bien guardada y aparentemente desconocida.

Ahora, y porque tengo que ver eso que no me gusta en mí? Pues para  poder conocernos y ser capaces de aceptarnos, reconocernos, tomarnos, abrazarnos ‘tal cual como somos’ y finalmente llegar a amarnos, estando llenos y listos para abrazar la vida plena que espera por nosotros.

Como tarea exploratoria comencemos a mirarnos en los espejos con conciencia.

Las relaciones son un regalo y una bendición para sanar!

Un abrazo sanador, 

Cathy